Yo también sé lo que es andar sin rumbo,
mirar el suelo y hablarle al mundo.
He sentido el frío que muerde la herida,
he tenido el alma medio perdida.
Pero no soy pena, soy consecuencia,
soy fuego, soy hambre, soy resistencia.
Cada día me levanto distinta,
y aunque me rompan, la fe me pinta.
No busco aplausos ni compasión,
solo que escuchen con el corazón.
Que vean que pienso, que estoy despierta,
que mi cabeza no está desierta.
Sé de diagnósticos, pastillas, heridas,
de noches largas y voces perdidas.
Pero también sé —y lo digo sin prisa—
que la escurrida es gratis, y da risa.
Ser viva no cuesta, cuesta sentir,
cuesta quedarse y no huir.
Cuesta mirarse y no mentirse,
cuesta caerse y no rendirse.
No quiero salvar al mundo, no puedo,
pero puedo alumbrar con mi enredo.
Puedo decir que en la basura hay flor,
que en la derrota también hay valor.
Y si mañana me ven distinta,
que sepan que no estoy extinta.
Estoy pensando, sobreviviendo,
y cada palabra la estoy tejiendo.